“Dejénlo gobernar…”
Estas palabras son las que uno le escucha a petristas convencidos o a personas que no ven más allá de la nariz. Lo digo con mucho respeto.
Los primeros son aquellos que no quieren a los ricos, a los que producen o dan empleo, aquellos a los que les moleta que unos estén a punto de jubilarse y ellos no, esos que saben que ellos serán parte del sistema y no sufrirán y no se regirán por lista de racionamiento.
Doloroso decirlo pero, no ven las preocupantes consecuencias que el país empieza a vivir, les da lo mismo.
Lo cierto es que cuando uno escucha a la ministra del medio ambiente, Susana Muhamad, decir que tendremos fenómeno del niño hasta marzo del 2024 y, por tanto, se aumentarán las tarifas de energía porque “los embalses se secarán”, es un indicio de ineficacia.
Bien asustados que estamos con cosas como el aumento mensual del galón de gasolina, que según el actual gobierno “afectaba solo a los ricos”, lo que no es cierto, pues eso conlleva al aumento de la canasta familiar para todos, por decir algo.
Si, el “Niño” afecta, pero el gobierno tiene la obligación de decirle a la ciudadanía como podremos evitar traumatismos, no amenazarnos a toda hora con hacernos la vida más costosa. Paralizar las FF.MM. mientras los irregulares copan territorios y el gobierno mira para otro lado, nos hace sentir indefensos.
No pronunciarse por el asesinado vil de policías y el secuestro de uno de sus integrantes junto a sus dos pequeños hijos, es un mal síntoma.
No militarizar regiones vulnerables mientras los otros si militarizan, también preocupa.
En fin, ya el país, el que analiza y le duele su patria, despertó y quiere, como se dijo desde el principio de este gobierno, que le vaya bien porque nos iría bien a todos, pero, infortunadamente, hay dudas por doquier.
La esperanza es lo último que se pierde dice el adagio, pero, Colombia no merece hacer parte de ese oscuro eje establecido desde el Foro de Sao Paulo, donde todo se vuelve gris, triste y sin futuro.