Desafío de guerreros
Suena a película de acción, pero no. Es el nombre de una carrera urbana con obstáculos que se organizó por primera vez en Cali la semana pasada y en la que me vi sorpresivamente inscrito.
Subrayo: no me inscribí, me inscribieron, y, ante tal reto, me aventuré a recorrer la accidentada cuasi maratón. Me reconozco como un ser nocturno más que diurno, de manera especial los sábados. Comulgado con la sentencia de que nada importante en la historia ha sucedido antes de las las 10:00 A. M., y los domingos ni se diga. Pero el certamen me hizo acostarme tempranito el sábado y levantarme igual el domingo.
Mi sorpresa al llegar al lugar del encuentro fue la cantidad de caleños listos para sudar la gota gorda. Grupos emocionados tomaban luciendo las camisetas rojas con las que nos uniformaron. ¡Que diferentes esos seres a los que suelo encontrar en mis noches de jolgorio! La grandeza de nuestra ciudad da para que cohabiten tribus desiguales. Y arrancó la carrera.
Cinco kilómetros alrededor del centro histórico con diversos obstáculos escatológicos, muchos harto ocurrentes pero todos para ser sorteados de manera igual por hombres y mujeres: una igualdad de género en la exigencia deportiva, algo injusto con ellas.
Logré terminar con la lengua afuera. Se me encalambró una pierna y creí que se me iba a salir el corazón. Y a pesar de que a unos metros de la llegada había un letrero en el que se leía “La felicidad no está en la meta sino en el camino”, cuando la atravesé fui feliz. No voy a decir mi puesto en la general, sería vergonzoso, pero sí que fue un domingo diferente y nadie me quitará lo corrido.