Desafíos de la paz
Ahora que estamos hablando de la nueva policía, de una nueva doctrina de seguridad nacional, del ejercicio del poder político en toda la nación; de la necesidad de construir una nueva institucionalidad para la paz, valdría la pena discutir con serenidad la posibilidad de vincular a algunos de los ex guerrilleros de las FARC a las tareas que adelantará la policía rural o de carabineros o inclusive a hacer parte de las fuerzas militares de Colombia.
Todos sabemos de las dificultades que habrá en estos primeros años del llamado posconflicto, para que el Estado pueda cubrir con su majestad política todo el territorio nacional y en especial en los lugares más apartados de nuestra geografía, con el objeto de evitar que nuevos actores ilegales se aposenten y vivir nuevos ciclos de violencia.
Las FARC por más de medio siglo estuvieron actuando e interlocutando con algunas comunidades y ejercieron una autoridad de facto en estos territorios, hoy están en proceso de dejar las armas, pero lo más importante, están reconociendo la autoridad legítima del Estado y la importancia de tener en sus manos el monopolio de las armas. La propuesta no es devolverles las armas por esta vía, como si fueran autodefensas o asunto parecido, esa historia ya la vivimos, esta vez es vincularlos al Estado colombiano a través de instituciones de mando centralizado y confiabilidad para sectores opositores al proceso de paz.
Difícilmente el Estado podría llegar en el corto plazo a los territorios en donde se han generado todas las guerras en Colombia. Los ex guerrilleros hoy podrían ayudarnos a cubrir este vacío de poder.