Desaparecimos los niñ@s
La semana pasada hablamos de la vida intrauterina y cómo desde el momento de la concepción se da inicio a una nueva experiencia y se establece una conexión con la vida, que permite que desde allí ya estemos creando marcas para nuestra vida en lo físico y emocional.
Hoy quiero recordar al niño, se dice en alta voz que debemos cuidarlo, prestarle atención y tenerle en cuenta, sin embargo a veces el comportamiento de los adultos hacia ellos, permite ver que lo consideran un adulto en tamaño pequeño. En esta pandemia me queda más claro, ello han sido los grandes sacrificados, hablamos de los duro que ha sido el encierro, de cómo la economía se ha visto afectada, de que es inseguro mandarlo al colegio y como hasta se organizan marchas para que esto no suceda, además se cerraron los espacios donde ellos se recrean y socializan como los parques y sus juegos, los espacios privados también, puedo ver como se han abierto bares y restaurantes, con protocolos de bioseguridad y me pregunto ¿Para los niños qué? y hasta se les imputó el cargo de ser peligrosos por contagiar el virus de manera asintomática, cual será el costo y que refleja el que creamos en casa encerrados están bien llevando una vida de adultos.
Déjame decirte que el cerebro humano desarrolla el sentido analítico, después de los 7 años ,estando este proceso maduro después de los 12; cómo se puede entender esto por medio de un ejemplo, es muy sencillo, si a un niñ@ de unos 5 años, le dices que no salga de la habitación, por afuera hay tiburones, el no lo hará y si lo intenta lo hará con miedo por la bestia que lo espera afuera, sin embargo si esto mismo sucede con un niño de 10 años, reirá y saldrá sin problemas, pues fuera de la habitación no hay mar. Es el cerebro analítico el que permite filtrar la información que entra en el cerebro, antes de los siete años, todo, todo entra sin el filtro analítico y es considerado una verdad, frases como “el que no se casa es un fracasado”, “sin dinero no vales nada”,” la bruja te robara si no te portas bien”, “Dios te castigará si piensas eso o aquello”, “eres igual a tu padre o madre”, “eres malo!”, etc., penetran directamente al inconsciente y crean los pilares de la personalidad, puedes identificar el poder del adulto ante la inocencia del niño, al igual de lo que puede observar del comportamiento de los mayores, puedes visualizar la sociedad actual en las palabras, los actos, la música, televisión, etc., con las que conviven los niñ@s.
La verdad es que nuestra infancia está siendo tratada como adultos pequeños, por supuesto este año de confinamiento ha creado una burbuja de pequeños y pequeñas que han aprendido a convivir en una pantalla de computador, a estar aislados socialmente y no desarrollar la adecuada capacidad para resolver conflictos, una sociedad de infantes que como adultos quieren ser Youtubers , Instagramers y demás modas adultas.
Hoy reivindico los niños, unos seres diferentes a los adultos y con el derecho a serlo, inocentes, imaginativos, alegres y felices de manera natural, respetémoslos como son, el fruto divino con la potencialidad de ser lo que decidan, no los entrenemos para robots, cuidemos que puedan ser niños, nosotros seamos los adultos.