Desarmémonos

Fabio Cardozo

Después de toda una historia de guerras en Colombia que se cierra hoy con la terminación de la última, acontecida por más de medio siglo, debemos alentar la discusión sobre la importancia de desarmar a los colombianos. El Centro de recursos para análisis de conflictos, Cerac, ha estimado la existencia de 2.500.000 armas ilegales en el país, dato por lo demás conservador a mi juicio, al tiempo que cifras del comando general de las FF.MM. dan cuenta de 560.667 armas amparadas, en manos de 419.278 tenedores legales.

No se entendería que después de lograr el proceso impensable, hasta hace poco, de desarme de las Farc, y, en atención a la histórica cantaleta weberiana del monopolio de la violencia física legítima por parte del Estado, que podríamos llanamente traducir en el monopolio de las armas por parte del mismo, no nos propongamos la tarea como sociedad de emprender el proceso de desarmarnos. Este aspecto puntual no aparece en los acuerdos, pero tiene que ver con una interpretación civilista de su texto y momento histórico. El acuerdo de paz es un homenaje a la vida, la democracia, en donde las armas nos remite al pasado de luto y barbarie.

Nada debilita más la majestad del Estado que la violencia indiscriminada y las armas en manos de los particulares para que hagan justicia con sus propias manos o para que se prodiguen su propia seguridad, ante la manifiesta declaratoria de impotencia del Estado por garantizársela. En esta nueva etapa de nuestra vida republicana, signada por la expectativa de un paz definitiva, tenemos que confiarle nuestra seguridad al Estado y encumbrar la vida como derecho inclaudicable.  

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    miércoles 26 de julio, 2017

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