Desconfianza

Hugo E. Gamboa Cabrera

La OEA es  un  organismo que un día se creó para unir a los países de las Américas alrededor de objetivos geoestratégicos que salvaguardaran sus democracias, sus leyes, sus economías y sus derechos humanos, pero infortunadamente perdió su rumbo.

Se convirtió en un apéndice político sin importancia, inane, asustadizo. Se le irrespeta, se le desconoce. Es un nido de burocracia donde pelechan la inercia y la insensatez.

Por eso Hugo Chávez Frías, unido a los cubanos, ideó un nuevo organismo —Unasur— para establecer nuevas reglas de juego, aprovechando la ambigüedad política de países latinoamericanos, como Colombia. En vez de coordinar iniciativas de desarrollo, lo convirtieron en un foro contra la misma OEA.

Es un intruso creado para crear disturbios. Excluyeron a democracias tan desarrolladas como EE. UU. y Canadá. Se le desconocen derechos a los opositores. Duele ver a Colombia jugando incondicionalmente en ese terreno tan áspero y excluyente.

Preocupa si —jugada maestra del presidente Santos— tener allí a un personaje como Ernesto Samper. Tal parece que la intención fue la de convertirlo en una espada de Damocles contra los enemigos políticos y contra el país que un día se atrevió a quitarle la visa.

Esa propuesta samperiana, crear un tribunal penal suramericano, tiene sus bemoles, entre las que se cuentan las Farc, es decir, la posibilidad de declararlas inocentes de todo.

Por eso Colombia no puede tomar decisiones libres y ajenas al chavismo, pues se afectarían gravemente los diálogos de La Habana.

Unasur es un organismo amenazante, sobre todo para nuestro gobierno, dispuesto a pagar y a venderle el alma al diablo.

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    lunes 10 de noviembre, 2014

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