¿Descontrolados?
En Colombia parece que estamos viviendo una época de polarización política sin control. Diariamente encontramos en las redes sociales, en las conversaciones callejeras e incluso en las charlas familiares, mensajes llenos de fanatismo y emoción desbordada.
Con frecuencia estamos presenciando irracionales intervenciones y llamados a la violencia física, sicológica y/o económica.
Muchos de nosotros vemos atónitos, iniciativas absurdamente fuera de sitio y de contexto como la liderada por un sector afín al ex presidente Uribe denominada como “despide un mamerto”, cuya gravedad reviste en que surge y es replicada por voces e individuos referentes a esta línea política.
Por su parte y como respuesta, surge también la completamente descabellada idea de “no compre uribista”, también replicada por algunos de los líderes de la otra orilla de pensamiento.
¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Qué consecuencias esperamos? ¿Cómo vamos a querer avanzar como sociedad de esta manera?
Se percibe un ambiente caldeado y enrarecido donde se comienzan a hacer comunes los desconocimientos hacia la otra persona como ser humano.
Colombia, por lo menos en el papel, es un país donde la libre opinión y expresión es un derecho y por lo tanto debe ser preservado y ante todo respetado sin necesidad de caer en improperios, descalificaciones e incluso amenazas.
Duele ver, cómo “ciudadanos” indolentes piden el despido de una trabajadora de uno de los principales bancos del país, por el solo hecho de ejercer su derecho a la libre expresión y opinión, que en este caso es diferente a los planteamientos del expresidente.
Asimismo, duele ver que desde la orilla opuesta, a los manifestantes afines al ex presidente Uribe les buscan invalidar constantemente su capacidad intelectual, generando seudónimos completamente descalificativos hacia ellos.
Definitivamente este no es el camino. El camino son los argumentos, la calma, la serenidad y el respeto. El camino es reconocer la diferencia y la divergencia, es reconocer al otro como mi igual, como ser humano con todas sus dignidades y derechos.
Hay una responsabilidad clara de cada uno como individuo, pero también es cierto que hay franca responsabilidad por parte de los medios de comunicación al brindar información que no es clara y ecuánime que ayude a calmar el ambiente.
También hay una responsabilidad trascendental del gobierno nacional, del Presidente de la República, así como del órgano legislativo a través de los congresistas. Estos últimos son en gran medida, la fuente del fervor incendiario y políticamente dañino de este país. Colombia da muestras que socialmente no está maduro para la incursión de las redes sociales como medio para transmitir opiniones.
Señores congresistas, este es un llamado para que piensen en el colectivo y no en sus intereses individuales y electorales, destáquense por sus propuestas y no por su capacidad de hacer escándalo, es momento de posicionarse por su capacidad técnica y propositiva y no por su emocionalidad. Es momento que contribuyan con la calma y no con la tormenta y el incendio.
Tomemos el control de la situación, no permitamos que esto se salga de “madre”, como da la sensación que puede llegar a suceder, bajemos las revoluciones y el tono agresivo de las intervenciones, es momento para estar serenos, analizar la coyuntura, apropiarse del discurso, pero sobretodo no permitamos que nuestro país se siga hundiendo en el descontrol.