Desescalamiento
Sin apagarse aún el debate suscitado por la decisión de las Farc de no reclutar menores de 17 años, nos llegan otras noticias favorables de los acuerdos de La Habana, en esta ocasión con el acuerdo de desminado humanitario, con la colaboración activa de esta guerrilla, consistente en entregar la información necesaria para la ubicación de las minas sembradas en todo el territorio nacional, considerándose incluso, la posibilidad de que miembros de esta guerrilla concurran al ejercicio técnico y operativo del desminado.
Se suma a lo anterior el anuncio del presidente Santos de ordenar el cese de bombardeos contra esta guerrilla durante un mes y a su término evaluarlo junto con los mandos militares para determinar si la medida se mantiene o se revisa. Esta decisión presidencial responde al gesto de las Farc de haber decretado un cese al fuego unilateral, el cual, según el Presidente, se ha venido cumpliendo.
El actual escenario constituye la antesala de una tregua bilateral que, una vez pactada y por lo que viene ocurriendo, será el fin de esta guerra alentada por los vientos gélidos de la guerra fría, cuyo fin el mundo celebró en el año 89 con el derribamiento del muro de Berlín, marcando el comienzo de un nuevo siglo, salvo en Colombia que aún padece las confrontaciones propias del siglo anterior.
Con la firma de los acuerdos de La Habana desaparecería el enemigo interno, existiría en cambio oposición política; la mentalidad contrainsurgente de la “sociedad” colombiana sería remplazada por una cultura democrática y tolerante; claro, tendríamos que construir entre todos un país incluyente, que se piense a partir de criterios morales en aras de superar las injustas desigualdades que han signado nuestra historia, estimulándonos a mirar un futuro sin guerras.