Disonancias

Rodrigo F. Chois

Era niño cuando experimenté una gran desilusión que me haría reflexionar durante días y días sobre la compleja naturaleza de la moralidad, del bien y del mal.

La no tan pueril meditación en la que me enfrasqué en aquel entonces se suscitó como consecuencia de una película en la que los buenos –en aquella fábula unos policías- eran realmente los malos del rollo.

Confieso que hasta el día de aquella televisiva e imaginaria revelación mi inocente sesera siempre operó en una estricta dicotomía que consistía en dividir el mundo en dos absolutos: los buenos y los malos. ¡Una visión binaria en todo el sentido de la palabra!

A pesar de que son muchos los años que han corrido desde aquella revelación y de que ya se me ven las canas de una presunta sabiduría adornando las sienes; el saber con certeza que la maldad es algo inherente a la naturaleza humana aún me sigue produciendo lo que los loqueros llaman “disonancias cognitivas” … ¿Pero cómo diantres no experimentar decepción y malestar cuando descubrimos que individuos que creíamos íntegros, honestos e intachables son ejemplo de lo que ellos mismos condenaban?

Estas filosóficas líneas tienen que ver con las recientes revelaciones y denuncias sobre dineros perniciosos en una campaña política de un candidato en el que llegué a creer y en quien, por tal virtud, deposité mi confianza con mi voto.

Es bastante decepcionante descubrir la maldad oculta en aquellos en quienes confiamos, la picardía se hace en estas circunstancias mucho más punzante al revelar estos su verdadera y oscura naturaleza mientras que los que siempre se muestran como perversos nunca nos engañan.

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martes 4 de julio, 2023

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