Diversión sí, ¡pero controlada!
Era de esperarse después de tan prolongado encierro. Y más aún en nuestra cultura caleña propensa a la alegría y a la diversión. Me refiero a las aglomeraciones en las calles y espacios públicos que se presentaron el primer fin de semana después de que el gobierno terminara el aislamiento obligatorio. Lo anormal habría sido que no sucediera como seguramente lo esperaban los antisociales y quienes padecen trastornos sociópatas. Pero esas aglomeraciones justamente demuestran que somos una sociedad sana con deseos de ser feliz y vivir plenamente.
Sin embargo, aún persiste el riesgo del contagio del virus por lo que las normas de distanciamiento y uso preventivo de tapabocas son más que indispensables en estos momentos. Dos elementales medidas que desafortunadamente en las aglomeraciones públicas fueron transgredidas. Y no existe un cuerpo de policía lo suficientemente numeroso para hacer cumplir las normas a tanta gente ansiosa de libertad.
Por esta razón, no es descabellado proponer que sean los establecimientos especializados en el manejo y control de público, quienes ayuden a las autoridades y a la comunidad en general a hacer cumplir, no sólo estas dos normas de protección y contención de la enfermedad, sino también todas las medidas que componen los rigurosos protocolos de bioseguridad que se deben implementar en estos negocios. Pautas de riguroso cumplimiento no solo para garantizar la salud de los visitantes sino, para la protección de los trabajadores y emprendedores quienes estarán aún mucho más propensos al riesgo de contagio debido a una mayor exposición y trato social fruto de la frecuencia diaria de su operación. Estos establecimientos se convierten así en parte de una solución.