Dolor de país
Los últimos acontecimientos sucedidos en nuestro país, nos tienen al borde de un caos institucional y político. Claro que no faltarán aquellos que digan que de caos en caos vivimos hace mucho rato. Lo cierto es que la población colombiana, además de sorprendida y aburrida, ya está \”mamada\” de tanto desbarajuste, de tanta corrupción y de demasiadas mentiras. La clase política, especialmente, ha perdido credibilidad y dignidad y, del gobierno nacional, ni se diga. Ese estilo de gobernar del presidente Santos, de querer quedar bien con todo el mundo, ocultando apariencias y echando de para atrás sus decisiones cuando le hacen oposición, no es conveniente, ni para él ni para el país. Ya van dos iniciativas suyas, la educativa y de la justicia, revocadas gracias a la indignación nacional; que ni se le ocurra presentar las reformas tributarias y pensional, donde los que van a sufrir terribles consecuencias son los mismos de siempre, los de abajo y los de la clase media. Ni qué decir del sistema de salud, reventado y descuadernado, con hospitales en malas condiciones financieras, sin plata ni para comprar algodón. Y qué tal los índices del Dane sobre el desempleo, mentirosos y acomodados, sin que se vislumbren los efectos positivos de la inversión extranjera. El país, hoy más que nunca, es un país con trabajo informal, donde predomina el rebusque y el atraco.
Mientras no se actúe con amor de patria, seguiremos por la senda de los altos índices de criminalidad insostenible, causados por toda clase de bandidos, que caminan a sus anchas por todo el territorio nacional, causando graves problemas sociales a los que el gobierno nacional pretende tapar regalando casitas gratis que les permita obtener una pírrica victoria para vendernos una reelección que ya se les esfumó porque el pueblo no les cree. Lo que Colombia requiere es una catarsis que nos permita cambiar la táctica y la estrategia, para que nuestro país, hermoso como ninguno, no siga siendo manoseado perversamente.