Dos soledades
Hasta que, por fin, después de ser anunciado durante varias semanas, llega a las librerías la novedad bibliográfica “Dos soledades. Un diálogo sobre la novela en América Latina”, de la editorial Alfaguara.
Recorridas sus primeras páginas con nuestra lectura, el libro nos transporta retroactivamente a los tiempos que la tecnología todavía no incursionaba en la educación. Nos hace caer en la cuenta de cómo la tecnología nos facilitó las cosas, a costa de relevar las ritualidades de los otrora actos humanos.
Hace medio siglo las universidades programaban conferencias y conversatorios con escritores, filósofos y humanistas. Los auditorios se atiborraban de estudiantes que juiciosamente escuchaban y participaban en los diálogos con los invitados.
Después las universidades publicaban las memorias. La Universidad de Antioquia fue famosa por sus “Martes del paraninfo”. Los auditorios de la Universidad del Valle se colmaban para escuchar al maestro Estanislao Zuleta. Los de la Universidad Santiago de Cali cuando disertaba el historiador Eduardo Pastrana Rodríguez. El libro en mención transcribe un conversatorio entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, organizado por la Universidad Nacional de Ingeniería, Lima Perú, en su auditorio en jornadas del 5 y 7 de septiembre de 1967.
Ahora las conferencias son a través de redes a las que ingresamos mediante enlaces. Cosa parecida pasó con la cátedra universitaria, los grandes maestros que nos encantaban con su sabiduría a viva voz pronto fueron reemplazados por los silenciosos docentes de videobeam y proyector. Claro que no podemos negar que los avances tecnológicos, la aparición del computador y la aplicación de la comunicación virtual, facilitaron la escritura y los procesos educativos.
Gabriel García Márquez confesó que hasta la terminación de “Cien años de soledad”, cuyo borrador fue de 500 páginas, gastó unas tres mil hojas de papel, porque cuando se equivocaba, no le gustaba una idea o prefería otro orden de los párrafos, extraía las páginas del rodillo de su Remington y las arrojaba en la cesta. Después, Gabo, para sus siguientes publicaciones figuró entre los primeros colombianos que se aficionó al computador.
El diálogo entre García Márquez y Vargas Llosa, transcrito en “Dos soledades”, nos descubre una gran amistad de los dos escritores, iniciada mediante correspondencias y solidificada durante varios años de acercamiento familiar. Además del diálogo intelectual profundo de primera mano entre los dos grandes del Boom de la Literatura Latinoamericana, transcrito en sus páginas, el libro publica testimonios de personajes que tuvieron oportunidad de asistir al evento porque estudiaban en esa Alma Máter y eran jóvenes de veinte años.
Entre las argumentaciones de ese diálogo-entrevista, en que Mario Vargas Llosa asumió el papel de entrevistador, hay una observación de Gabriel García Márquez, que medio siglo después nos sirve de hipótesis para analizar y hallar las causas de la actual crisis de la lectura: “Ahora, yo no sé si el fenómeno del boom es en realidad un boom de escritores o si es un boom de lectores, ¿verdad?” Podemos preguntarnos, ¿será que abundan los escritores y escasean los lectores? ¿Cuál será el papel de los maestros? Yo les recomendaría a los profesores de lengua castellana que, para motivar la lectura de literatura entre sus estudiantes, organicen ante toda la comunidad escolar una mesa redonda donde representen con los estudiantes ese famoso diálogo entre los otrora dos amigos.
Queda muy fácil, porque el libreto está listo. Pero de ninguna manera se les vaya a ocurrir convocarlos a que resuelvan talleres individuales buscando en Internet el pdf del libro “Gabriel García Márquez Mario Vargas Llosa. Dos soledades. Un diálogo sobre la novela en América Latina”, recién publicado por Alfaguara.