DUQUE
Pablo Neruda en “Confieso que he vivido” hace una bella apología a las palabras y dice: “(…) todo está en la palabra…” y más adelante agrega, refiriéndose a lo que se llevaron los españoles y nos dejaron el lenguaje, diciendo “Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… nos dejaron las palabras”.
Significa que el valor de la palabra tiene una trascendencia sumamente importante en el desarrollo en sociedad, y más en el ejercicio de lo público, y con mayor entereza en la política.
Por ello votaré por Iván Duque, además de sus atributos como joven político, inteligente, serio, economista erudito, caballero, sin tacha en su hoja de vida, sin crímenes encima, lo hago porque respeta la palabra, porque es coherente con lo que dice y lo que hace.
Distinto sucede con el candidato Gustavo Petro que ha modificado sus propuestas iniciales de constituyente, de expropiación de tierras, entre otros puntos que lo obligaron a tallar en mármol sus promesas, temiendo sus nuevos amigos Mockus y la López, a que en el discurrir del ejercicio de un mandato – que cada vez le es más esquivo- incumpla con lo prometido, como lo ha venido haciendo luego del resultado electoral de la primera vuelta.
Hay que aplaudir y respetar sí a Fajardo, quien ha honrado su palabra y tal como lo prometió, sin hacer documentos, ni espectáculos algo cantinflescos, se ha mantenido en lo dicho.
De censurar el acto en la iglesia del voto nacional, donde acude a prestar juramento un ateo como Antanas, quien hizo que Petro modificara sus propuestas, lo que indica lo peligroso que sería un gobierno de ese corte.