Educación vs. prohibición
La participación de Colombia en el Mundial de fútbol es una fiesta en la que un cuerpo técnico y once jugadores nos dan muestra de compañerismo, hermandad, respeto, estrategia, organización y disciplina.
Pero el ejemplo de nuestros jugadores contrasta con el balance nacional por las celebraciones de cuatro partidos: 13 muertes violentas, una veintena de heridos y más de tres mil riñas. En Cali se han registrado 2 muertos.
Ante este panorama se han dispuesto medidas que van desde ley seca hasta declaración de día cívico. Lo paradójico es que las acciones para control y prevención de la violencia son todas restrictivas, ninguna educativa, y sin resultados.
Las normas se han incumplido: cierres de locales por violación a la ley seca, inmovilización de motos y carros en caravanas.
Debemos entender que la solución no es restringir o prohibir, lo que debe existir es un gobierno que promueva medidas para la autorregulación y que cada ciudadano aporte con su comportamiento
para un mejor vivir.
Es imposible contener la euforia y el festejo, pero sí es posible autorregularse y generar medidas y espacios propicios para hacerlo. Ejemplo de ello es el Fan Fest de la Fifa, donde se dan cita miles de hinchas de todos los países participantes para compartir y celebrar.
El asunto es comportamental, por supuesto, el gobierno debe expedir normas para regular la convivencia, pero lo principal es el autocontrol, interiorizar que vivimos en sociedad y nuestras acciones individuales tienen efecto positivo o negativo.
Necesitamos gobiernos valientes que vayan más allá de la prohibición y se atrevan a promover acciones y políticas de cultura ciudadana, educación y convivencia. Que vean este tipo de eventos como oportunidades para construir ciudadanía y no como una problemática.