Efecto Coolidge

Rodrigo Fernández Chois

Las tetillas que poseemos los hombres son la prueba evidente… Las investigaciones realizadas desde 1950 han demostrado que la estructura fundamental orgánica y cerebral de los mamíferos era en primer lugar femenina y solamente después masculina. Y en algún lugar de esas investigaciones leí que: “Desde estadios del desarrollo del feto, el cerebro dispone del plano y de los circuitos neurológicos latentes que harán que el comportamiento sea masculino o femenino. Sin embargo, abandonado a sí mismo, es decir, sin ningún impulso hormonal especial, el feto evolucionará siempre hacia la forma femenina”. 

Conclusión: para la Naturaleza son más valiosas las hembras que los machos. Una derivación que se hace más contundente si se tiene en cuenta que con tan solo un macho se puede duplicar a una población entera siempre y cuando sean salvado el mayor número de hebras. La potencia genética del hombre permite definitivamente que sea sacrificado en pos de la supervivencia.  Esta es la razón por la cual existe el Efecto Coolidge, un celestial premio de consolación para nosotros los infelices machos. La historia cuenta que fueron los esposos Coolidge quienes descubrieron dicho efecto cuando un día visitaron una granja fuera de la ciudad.

Al pasar por el gallinero la esposa le preguntó al encargado si el gallo copulaba más de una vez por día. “Decenas de veces”, le contestó. Ella miró a su esposo de manera desafiante. “Y ¿elige siempre a la misma gallina?”, preguntó el señor Coolodge. “Claro que no, en cada ocasión lo hace con una gallina diferente. Si se le pone la misma el gallo no repite.” ¡Dios bendiga a la Madre Naturaleza

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    miércoles 22 de febrero, 2017

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