Eficiencia y calidad

Hugo E. Gamboa Cabrera

Una de nuestras clásicas quejas o reclamos es la pésima atención por parte de quienes tienen la misión de atender a los clientes o usuarios cuando éstos requieren solución a sus peticiones. Valga la pena decir que ese es un “bendito” mal que no solo ocurre en el sector público; también en el privado, aun cuando en el público, valga decirlo, quienes cumplen con esa función se sienten intocables por ser sindicalizados o “bien” palanqueados políticamente.

Menciono un caso entre muchos. La empresa antioqueña, UNE, unida posteriormente a Tigo, tiene dos defectos: uno, cuando un suscriptor sufre la suspensión sin aviso previo de su servicio de televisión, deja de funcionar por tres o cuatro días, y el cliente trata de comunicarse a un número telefónico como diez dígitos, le contestan que atienden su reclamo siempre y cuando lo hagan a través de una línea de Tigo, de lo contrario se “jodió” y, segundo, algunas veces envían un vehículo de un contratista (me reservo el nombre o logo), en horas nocturnas, supuestamente a revisar postes y en esa labor suspenden el funcionamiento normal del servicio. Obviamente, esto causa enojo y se busca reclamar virtualmente, porque no todos tienen teléfono Tigo. Uno o dos días después, le llegan a su casa, le reparan el supuesto daño, con el “aliciente” que esa visita técnica genera un cobro en la factura. ¿Eso es legal? ¿No es esa esa una actitud empresarial que puede generar resultados desastrosos? Me disculpan, pero es que estamos en el siglo XXI. Por eso, me llamó la atención esa situación, porque no se justifica.

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domingo 7 de junio, 2020

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