El amor en los tiempos de la pandemia
Sabemos desde tiempos remotos que el amor es de clases, lo que me parece particularmente que no es una novedad. No puedo concebir a un ser que viva bajo los puentes y haga todas sus necesidades fisiológicas al borde de un río, a un ejecutivo o a un intelectual porque no veo ahí unidad de pensamiento, ni afinidades culturales e ideológicas, no hay una coherencia de conceptos; la vida es bella cuando hay encuentros que se unifican en entorno a la belleza del alma y del pensamiento y de proyectos de vida.
En el año del 2020 en un hospital rural se encuentran dos seres humanos, por primera vez un joven de pelo largo, lentes claros color amarillo, que ha acudido a urgencias producto de un enfrentamiento con la Policía que le ha dejado secuelas en sus brazos y sus piernas, y una enfermera tremendamente bella de ojos azules que tiene una vida económica solvente y que vive en una finca ganadera. Estos dos personajes se enamoran y, al mejor estilo de Mario Benedetti, dice el joven: “es tan poco lo que conoces de mi, lo que conoces de mis nubes, lo que conoces de mis silencios, de mis gustos, de mi tristeza. Tienes un pensamiento de que soy subversivo, que pertenezco a la primera línea, y yo sí lo digo con mucha firmeza, es tan poco lo que conozco de ti, es tan poco lo que conozco de tu silencio, de tus gestos, lo único que conozco es el amor en tiempos de pandemia”.
La enfermera en cuestión se siente satisfecha en esta vida porque sus relaciones son con ganaderos y con personas dueñas de grandes hatos y latifundios, y además sus amistades, que son gente adinerada, la apoyan.
El joven trata de entablar una discusión con su nueva compañera que en el fondo resulta ser bizantina, por cuanto la enfermera tiene una posición muy clara de lo que son sus valores fincados en el amor, el capitalismo, y el ejercicio del poder. Lo anterior se repite en miles y miles de seres humanos, que piensan con el sentido del homus economicus, pero el amor es una percepción incapaz de ocultar lo que brota del alma, o del ser y fácilmente se condiciona a aceptar al otro con todos sus defectos y virtudes. (Aquí volvemos a Mario Benedetti: “arcoíris: a veces por supuesto usted sonríe y no importa lo linda o fea, lo vieja o lo joven, lo mucho o poco que usted realmente sea”. Entonces, el amor responde a una unidad de conceptos, y a una afinidad de ideas, sino existe lo anterior, porque el mundo es así y está lleno de contradicciones, nos debe asistir la muerte.
Hay parejas que se suicidan por un fracaso amoroso, que es precisamente lo que le sucede a este joven de la primera línea, que vivió por muchos años en un país lleno de desigualdades y de restricciones sobre la libre expresión de las ideas, que atravesó calles y avenidas, cines y teatros, que estudió en la universidad, con profesores autócratas y docentes llenos de pluralidad de pensamiento, haciéndole un homenaje a machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
La pandemia también tiene su historia que corresponde en este caso al amor, vuelvo a Machado: “a veces me siento como el águila en el aire, a veces me siento como en una pobre colina, unas veces me siento como un acantilado, otras como el cielo azul del firmamento, a veces me siento como manantial entre rocas, a veces me siento como el árbol, como la ultima hoja de un árbol, hoy me siento tan vulnerable como una brizna en la mano de Dios, como una laguna insomne, como un embarcadero donde llega uno que otro barco”.