El calvario de la maternidad en la cárcel
Esta semana llegaron a mi oficina varias quejas exponiendo la situación que viven las personas privadas de la libertad y las condiciones infrahumanas que tienen que afrontar en los centros de reclusión.
El problema de hacinamiento es el origen de muchos de los males que aquejan a la población carcelaria. En las políticas penitenciarias no existen diferencias marcadas entre las circunstancias de prisión de los hombres y las mujeres, por eso, de los casos expuestos, todos con preocupaciones valederas, uno de los más alarmantes es la situación de las mujeres embarazadas y aquellas con niños de brazos.
Es necesario hacer un llamado de atención para que se desarrollen políticas específicas frente a la población carcelaria femenina.
Las diferencias entre hombres y mujeres es un aspecto fundamental a tener en cuenta cuando se implementen las reformas que demanda el sistema penitenciario, no solo con las gestantes, también las que están en periodo de lactancia o tienen hijos menores de edad, quienes requieren programas infantiles que permitan el contacto entre madres e hijos.
El foco del hacinamiento está relacionado con la convivencia de condenados y sindicados en un mismo espacio. El Inpec debería tener bajo su cuidado solamente a quienes cumplen una condena, que son los destinatarios de los programas de resocialización.
Los que están a la espera de la definición de su proceso penal, son responsabilidad de las entidades territoriales, por eso las alcaldías y gobernaciones tendrían que ser más activas en la búsqueda de soluciones para el hacinamiento de las cárceles.
Resolver solo ese problema permitirá mejorar en gran manera las condiciones de detención de las privadas de la libertad.