El chocolate amargo…
Los que conocen la ciencia de la atracción física conjeturan que para nosotros los hombres el sentido de la vista prima sobre los demás. En ellas, el oído. Por el contrario, el sentido del gusto se encuentra para ambos al final.
En lo que compete a complacer mis papilas gustativas soy bastante básico. No soy un gourmet o cosa parecida, sin embargo, reconozco que con el paso de los años he desarrollado un especial gusto por los sabores amargos. Estudios afirman que en la medida en que crecemos nos sentimos más atraídos por lo sabores amargos que por los dulces… ¡Los niños asimilan el sabor amargo con el veneno!
Siendo fiel al refrán de “poco veneno no mata”, hoy siento gran fascinación por el chocolate negro y el café sin azúcar. Cuando me introduzco una tableta del primero a la boca y juego con ella hasta que se derrite en mi paladar, siento torrentes de oxitocina. Imagino entonces como el gran Montezuma, emperador azteca, lleno de chocolate en sus venas, complacía sin parar a sus hermosas consortes.
Cuando tomo un sorbo de café negro -y virgen de azúcar- recibo ipso facto una inyección estimulante que activa mi ya de por sí mente inquieta.
Consciente de mis dos placeres, recibí un whatsapp de una amiga: “Rodrigo, ¿sabías que a las personas que les gusta el chocolate negro y el café sin azúcar son malvadas y sicópatas? Jajaja”. Leo en el celular el adjunto con la supuesta investigación realizada en la universidad de Inssbruck en Austria. Sonrío para mis adentros mientras miro la foto de la remitente… “Ya nos veremos”, le contesto.