El domingo próximo
La política ya no es como hace 30 años. Desaparecieron las citas cultas en plaza pública.
Los grandes oradores, propietarios de la retórica ilustrada, son una especie ya extinguida. Los argumentadores, reyes del debate, hoy son silenciosos recuerdos del pasado.
Todo se ha sintetizado en unos personajes que, como diría Dick Morris, en su libro maravilloso “Juegos de Poder”, su proyecto es perder o ganar.
Su conclusión fue la de enseñarle a los llamados políticos postmodernos, que el éxito radica en secuestrar la coyuntura, enmudeciendo las variables preponderantes e imponiendo temas ajenos a los rigores del debate.
Ésta es la teoría sostenida por Morris, en “El Nuevo Príncipe”.
Por eso, no creo en la tal guerra sucia; mucho menos en que haya buenos o malos.
Lo que hay en el escenario es una conjunción de candidatos carentes de las virtudes de los políticos que sí dejan huella en la memoria colectiva.
La política actual es un cruce de informaciones, que se ha ido degradando en casi todas las democracias hasta quedar supeditada a meras labores de espionaje que escudriñan igualmente a los anglosajones puritanos como a los latinos hijos de Bolívar y Napoleón.
Lo que hoy acontece en las campañas del presidente candidato y Óscar Iván Zuluaga es un pulso donde ya las decisiones están tomadas por parte de sus electores, estableciéndose una tendencia, hace un mes imperceptible, y que coloca al candidato del Centro Democrático al frente de un empate técnico, donde el candidato presidente aparece carente de iniciativa, abrumado por la postura avasallante del senador Álvaro Uribe quien, siguiendo las enseñanzas de Dick Morris, ha secuestrado la coyuntura, imponiéndole temas que han arrinconado al establecimiento santista.