El fin del fin
Esta es una vieja expresión utilizada recurrentemente por el generalato colombiano en su larga lucha contra la guerrilla de las Farc, no obstante tales anhelos, la “culebra sigue viva” como diría un infatigable expresidente.
Pues bien, hoy sí estamos cerca del fin -quién lo creyera-, pero no como resultado del poder de las armas, que cada vez tienen menos poder, sino como consecuencia del proceso de negociación política que se adelanta en La Habana. No dudo de la decisión del Gobierno de lograr un acuerdo y que las Farc está convencida que la única salida viable a este conflicto es la de negociar con el gobierno Santos, como recientemente lo señalaron.
La mayor dificultad de la agenda en esta etapa se centra en el tema de la justicia y el grado de impunidad que le costaría al país; pero creo, por el contrario, que es en el marco de este proceso que las víctimas en particular y la sociedad colombiana en general pueden hallar justicia.
Todos sabemos que la guerra ha permitido ejecuciones extrajudiciales, juicios sumarios, pero jamás justicia. Nunca en Colombia se conocerán los máximos responsables de la guerra; si seguimos en guerra, siempre se nos dirá que los únicos responsables son los guerrilleros y entonces la paz consistiría en su sometimiento a una justicia que ha sido incapaz -para señalar solo un asunto- de juzgar a los que financiaron y agenciaron los ejércitos de sicarios y paramilitares para acallar cualquier viso de inconformidad.
El Estado ha enfrentado legítimamente a la guerrilla que pretendió tumbarlo violentamente, pero este mismo Estado, en vergonzosos períodos de la historia, encabezado por siniestros “dirigentes”, que lograron inclusive ceñirse la banda presidencial, han anegado de sangre la geografía nacional.