El holocausto

Fabio Ariel Cardozo

Hace treinta años un comando del M-19 al mando de Luis Otero y Andrés Almarales asaltó el Palacio de Justicia, produciendo una herida en el alma nacional que no ha logrado restañarse.

La intención febril de los guerrilleros, era demostrarle al país a través de un juicio político que el presidente Betancourt  había incumplido  la tregua pactada, y por esta absurda vía , rescatar el proceso de paz fracturado.

Este insensato cálculo político, inspirado en la experiencia de la toma de la embajada Dominicana, y en el talante conciliador de presidente Betancourt, ocasionó el infierno del palacio, desde donde sus llamas siguen ocultando la verdad, la que vamos conociendo a cuenta gotas de dolor.

Ni el más pesimista hubiese imaginado que la retoma sería un acto de mayor brutalidad que la toma y menos que, el mismo presidente que se secaba los mocos, en sus alocuciones televisadas mientras nos decía “colombianitos”, no contaría con el valor patriótico suficiente de detener la tragedia, dejando todo en manos de los “golpistas”. En estas horas luctuosas el poder civil inexistía, estaba siendo consumido por las llamas y al frente de esta agónica  institucionalidad solo estaban los “defensores de la democracia, maestro”.

La tragedia misma sentenció con pena capital a la totalidad del comando guerrillero, que hoy me duelen tanto, como los inocentes que perdieron la vida en estos momentos infernales. Los guerrilleros no incendiaron el Palacio para hacerle favores a la mafia, nadie en instantes tan definitivos le prendería fuego a su trinchera, todos estaban en “trance de muerte”, no solo el doctor Reyes Echandía.

Hoy quiero lamentar una vez más lo sucedido y recordar los muertos que conocí: murieron limpios, pero el dramático desenlace que nunca previeron, comprometió fatalmente su recuerdo.

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    jueves 5 de noviembre, 2015

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