El idiota perfecto
A dos días de celebrarse la segunda vuelta por la Presidencia de Colombia, nunca había sido tan fácil decidir.
Sin dar nombres, los colombianos podremos elegir a un ciudadano con una vida ceñida a la legalidad y con un futuro prometedor, o elegir a un convicto con pasado, presente y futuro vergonzoso.
El próximo inquilino de la Casa de Nariño podría ser una persona joven, respetuosa, equilibrada, muy bien preparada y probadamente capaz, o podría ser un truhán maduro, un resentido con sed de venganza, un hasta ahora impune criminal de lesa humanidad, un fracasado e incompetente charlatán.
Al frente de nuestro poder ejecutivo podría estar un hombre a quien no se le conoce mentira, engaño, delito ni crimen alguno, o podría estar un narcoterrorista quien después de desmovilizarse decidió no amnistiarse ni indultarse para convertirse en el mayor embaucador de la historia reciente de Colombia.
Uno de los candidatos a la Presidencia de Colombia lleva 27 años viviendo en y de la mentira, va a completar seis quinquenios timando sin consideración alguna a quienes en él creen y han confiado, burlándose de la generosidad de los colombianos y aprovechándose de la falta de rigor de nuestras autoridades.
Sin dar nombres, uno de los candidatos a la Presidencia de Colombia resultó ser el idiota perfecto pues en vez de aprovechar la posibilidad que se le brindara de perdón, optó por seguir delinquiendo.
Su mentira está probada y por lo tanto al traste deben ir sus ilegítimas y criminales aspiraciones de poder, tanto por la fuerza de la Ley como por el resultado en las urnas… Colombia no es ni perfecta, ni idiota.