El libro de Lila

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

“El libro de Lila”, en su función de premier, me regresó a la infancia cuando paseaba por San Antonio y El Peñón y me hizo añorar nuestra ciudad de los siete ríos. Recordé a mi padre leyéndome “Alicia en el país de las maravillas” y “El principito”.

Pero una premier para los medios de comunicación no basta para garantizar el éxito taquillero. Un buen filme se vende gracias a los primeros cinéfilos que sean multiplicadores para llenar las salas.

“El libro de Lila”, ópera prima de Marcela Rincón, desde este jueves 28, cautivará por varias razones: llega como un bálsamo poético en momentos que las cintas animadas extranjeras saturan con violencia implícita a los niños y con superhéroes fabricados por la industria; cuando la adicción a la tecnología es óbice para que la familia propicie el contacto de los niños con la naturaleza y el mal uso del smartphone mata la lectura en calor familiar.

La animación de las calles y las fachadas del pintoresco oeste caleño, reivindica el paisaje urbano tradicional que desaparece sin dolientes del patrimonio. Cincuenta años después del mensaje macondiano sobre la peste del insomnio y el olvido, este primer filme caleño de dibujos animados nos hace valorar la memoria, la amistad, la lectura, la conservación de los bosques y la fauna.

Es impecable la animación y su fondo musical lo hacen los violines de la orquesta sinfónica y la marimba de Hugo Candelario González.

La Negra Grande, Leonor González Mina, es la guardiana del bosque. Llegó la hora para que los viejos seamos cómplices de las romerías infantiles ávidas de fantasía.

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    sábado 23 de septiembre, 2017

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