El negro
A Fernando Gutiérrez Arango lo conocí una mañana en el colegio Santa Librada, lugar al que ambos ingresamos a estudiar el bachillerato, con la ilusión de graduarnos en el mejor colegio de Cali de ese entonces.
De Fercho -el negro- recuerdo su inteligencia sin par, su apreciable cultura política -a pesar de su mocedad-, sus excepcionales cualidades, cantaba, dibujaba, echaba discursos, bailaba, mejor dicho, como le decíamos nosotros en aquellos días felices: “negro, vos sos un hp”, y él nos respondía con una envolvente carcajada.
Así, en medio de la música, la rumba, las pedreas estudiantiles y el carisma del negro nos fuimos “enredando” en lo que signaría por siempre nuestras vidas. Un día cualquiera, me dije: “mierda… soy miembro del M”. Por supuesto, nos pasó lo mismo que al poeta J Mario Arbeláez, perdimos el año, pero no por andar fumando marihuana como el nadaísta, sino por estar leyendo los clásicos marxistas, en vez de estar haciendo las tareas de “trigo” o por aprovechar los talleres de química para afinar la técnica en la elaboración de “molotovs”.
Al negro lo sigo recordando en mis libaciones, en la música y en mis lecturas, también lo sigo llorando desde el día que se lo llevaron, él hace parte de la lista de miles de compatriotas desaparecidos que existen en Colombia.
Tal vez, de no haberle conocido, hoy sería bachiller de Santa Librada y de pronto un exfutbolista. Conocerle y quererlo, encendió mi corazón y aguzó mi cerebro, lo que me ha implicado meterme en muchos líos, pero valió la pena. Negrito: “tu fuerza y alegría me seguirán alentando”.