El otro Neruda de Larraín

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Admirable la labor sociocultural del  megacine que reserva al menos una  sala para complacer a los cinéfilos  selectos, exhibiendo buenas películas, como por ejemplo, Neruda (2016)  del director  Pablo Larraín.

Mediante norma sería bueno exigirlo  a  los demás que abundan como parte inherente de  los  centros comerciales.  Las buenas películas, en el caso de   las historias sobre  escritores, generan inquietudes   a tal punto que llevan a investigar en las fuentes de biógrafos y directamente  en sus obras.  Neruda de Larraín,  presenta  la cara oculta del poeta, su militancia política, su huida intrépida  por la frontera andina  hacia el exilio  y el impacto social de su gran poema épico Canto General. Esta faceta es desconocida  en las tertulias donde sólo  referencian o declaman  Veinte Poemas de Amor. 

Quienes degustamos la exquisitez del El cartero (1994),  del director Michael Radford, adaptación de  la novela de Antonio Skármeta, podemos complementar la  curiosidad investigativa con un  ejercicio de  intertextualidad  entre las dos narraciones. Algo que  sorprende de Guillermo Calderón, el guionista  del  Neruda de Larraín, es su ficción para  presentarnos a un poeta cliente de  prostíbulos,  arrogante   con sus amigos  y de  comportamiento  provocador cuando se pasaba  de copas. Extraño que falten versos de Pablo Neruda en homenaje a esas mujeres que apetecía como obreras del   placer.

Cuando filmen la vida de García Márquez no tendrán que acudir a ficciones, porque nuestro Premio Nobel  dejó  claves precisas en “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira” y en  “Memoria de mis putas tristes”. Bueno,  vamos a ver  el Neruda de carne y hueso  propuesto por  Larraín.

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    viernes 20 de enero, 2017

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