El poder de la protesta

José David Solis

Tras varios días de manifestaciones en Venezuela, por parte de la oposición y los simpatizantes del gobierno de Maduro, quise analizar el poder de la protesta y a dónde conducen ese tipo de acciones colectivas cuando se hacen para tomar posturas sobre aspectos de la cotidianidad y la realidad social, económica o política de los países. El gran filósofo francés Félicité Robert de Lamennais, se aproximó a lo que personalmente considero podría ser el mejor significado de protesta:

“La protesta de los pobres la escucha Dios, pero no llega al oído del hombre”. Esta frase, me lleva a pensar qué aunque Dios siga saliendo a nuestro encuentro, la protesta pareciera que no es escuchada y tomada en serio por los que verdaderamente tienen el poder de las naciones. Eso no quiere decir que la protesta sea un instrumento inútil, irrelevante o inexplicable, al contrario, las protestas en el mundo permiten conocer las realidades de los países y resultan poderosas, al punto de ser capaces de derribar a un dictador, lograr equilibrios entre las necesidades básicas de los ricos y los pobres y sacudir sistemas, como ocurrió en Corea del Sur tras la destitución de la presidenta Park Geunhye.

Hoy en día, las protestas son tan abiertas que no es extraño ver en un mismo lugar a personas que se mueven ideológicamente hacia la derecha y hacia la izquierda, teniendo claro contra lo que están y sabiendo cada vez más lo que se quiere. Como gobernados tenemos muchos motivos para quejarnos y como decía el revolucionario irlandés James Connolly: “las masas han transformado y humanizado el mundo”.

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    martes 25 de abril, 2017

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