El poder del mercado
Los cambios se van dando con el transcurso del tiempo. En los años 60 y 70 nos llegó la “nueva ola”, con el rock.
Elvis Presley, Bill Haley y sus Cometas; el twist, la balada americana; los pantalones ceñidos en la cintura y la bota campana (ancha). El pelo largo y balaca. Rebeldía.
Marihuana. Sexo al aire libre. Libre albedrío pese a regaños paternales. Rumba venteada, noviazgos esporádicos.
Las píldoras anticonceptivas eran la moda. El “ché” Guevara, el ídolo, gracias a su boína y barba, pero asesino.
El comunismo en las pocas universidades marcaba el paso, pero más por “chicanería” que por convicción.
La política valía “huevo”. Sólo a los cuchos les interesaba. Van pasando los años. Llegan los noventa y nuevos vientos.
Sandro de América, Raphael, Nino Bravo, las telenovelas lloronas, nuevas universidades. El comunismo sigue su rumbo, pero ya causa cierto temor.
Aparece el M-19 con nuevo estilo proselitista y líderes burgueses. El sexo ya no es tan libre, pero se suceden embarazos irresponsables.
Aparecen la T y el “método del ritmo“; a veces fallaban. La medicina avanza. Empiezan a llegar políticos más jóvenes con nuevas formas, pero el tiempo les lavaba el cerebro. Se escuchan la Sonora Matancera, Benny Moré, Tito Puente; se va imponiendo un nuevo taconeo bailable.
Del dos mil hacia adelante, se van imponiendo nuevos estupefacientes y el tonito parcero. Las mentes se retuercen. La política se vuelve más poderosa brindando no solo poder sino billete.
Los escándalos que antes se escondían ya salían a flote públicamente. Salsa venteada y más droga con el viejo Héctor Lavoe.
Su “cantante” impone una nueva filosofía de vida. Los jóvenes ansiosos de carro último modelo, novias y amantes.
Fidel Castro empieza a perder credibilidad y se recuerda a John Kennedy, su mechón y su sonrisa. Y llegó una enfermedad más que remedio, el celular. Necesario claro que si, pero enfermizo. Ya no te miran a los ojos.
Llega el modernismo con todos sus defectos más que virtudes. Mucha más drogadicción y más alcoholismo.
Política falsa, pocos comprometidos con el futuro. La juventud buscando nuevos rumbos en los Yores.
Aparecen el populismo y sus promesas incumplidas. La gente escucha con esperanza, pero, con el tiempo ven como sus líderes se enriquecen con los impuestos de la gente.
Se dan cuenta que ese cuento contra la riqueza es “paja“. A quién creerle. La salsa se impone. Hoy, los jóvenes prefieren mascotas en vez de hijos; prefieren la soledad y el amor ocasional. En fin, solo nos queda esperar que nos deparan los años venideros y la IA. Bendito sea Dios.