El puro de la paz
Bajo el límpido cielo del Caribe se fuma hoy el puro de la paz entre el Gobierno colombiano y las Farc.
Luego de 50 años de guerra y tres de negociaciones, se concreta el histórico acuerdo que le pondría fin a uno de los periodos más dramáticos de la historia nacional.
Hacía ya más de un año se venía pedaleando en el mismo lugar, la dificultad se centraba en la discusión del álgido tema de la justicia, la pepa de la agenda. Nada fácil resultaba someter al aparato judicial a quienes han combatido durante lustros el Estado por ilegitimo, pero a su vez, este mismo Estado está compelido a purgar necesidades de justicia que la comunidad nacional e internacional demandan por estos largos años de dolor y degradación.
La salida la ofreció un tribunal especializado, sanciones distintas a la cárcel en el marco de la justicia transicional y de manera especial la restaurativa, que ubica su centro de gravedad en la “reparación” del daño causado a las víctimas y a la sociedad colombiana. Seguro esta paz no deje contentos a todos, como lo diría el presidente Santos, pero sí constituye, estoy seguro, la única salida que tiene Colombia para salir de la barbarie.
Lo que viene es la tarea más difícil. ¿cómo lograr condiciones de no repetición? No se me ocurre asunto distinto que emprender un gran esfuerzo para perfilar una sociedad distinta, más equitativa, de mayores oportunidades para la gente humilde. Creo que estas nuevas condiciones son realmente lo sustantivo de la paz, su concreción impediría que un nuevo ciclo de guerra se inaugure, solo que tendrían que ser agenciadas por personas distintas a la oligarquía colombiana, generadora principal del despelote.