El tribunal petrista
A estas horas, exactamente a las 2:30 del jueves que escribo esta columna, no se sabe todavía si se va a llevar a cabo o no el debate ordenado o inducido por el fallo de una extraña tutela que con argumentos de tufillo autoritario decidió el Tribunal Superior de Bogotá ordenarle que en el término de 48 horas los dos candidatos se pusieran en posición para debatir lo que ya todos los colombianos conocemos y que ha sido argumentado en una segunda vuelta donde la agitación de plaza pública quedó en el olvido, copando las redes todo el espectro del debate.
Independiente de las razones y las maniobras para justificar jurídicamente este golpe de mano contra la libertad política, es preocupante que Gustavo Petro, como si de tratara de un duelo del antiguo oeste, a escasos 3 días de las elecciones, haya coronado una maniobra urdida por algunos agentes de su campaña dándole curso a una tutela fundamentada en una argumentación totalmente subjetiva e inacabada, obligando a repetir, para gratificar la vanidad y la arrogancia de Petro un discuso que ha venido planteando desde hace 8 años y que fracasó, negándole en la primera vuelta la apuesta de ganar la Presidencia y generando de carambola la crisis que los tiene al borde de la división y a la espera de iniciar, como es costumbre en la izquierda, una purga de quienes lideraron la estrategia fracasada, evidenciada en los llamados “petrovideos”.
Esta decisión del Tribunal es un mensaje claro de como van a funcionar los tribunales, los que existen en el ordenamiento jurídico y los que se inventen, que como sucedió en el régimen del terror Jacobino en Francia, en el siglo XVIII, y como lo reeditó Stalin, quien con estos tribunales, persiguió condenó y ejecutó a más de 300 mil opositores, superando obviamente a la guillotina francesa, que decapitó 26.000 opositores en 30 días.
Y no olvidar cómo el comunismo chino se consolidó con la revolución cultural de Mao, donde condenaron a casi un millón de opositores.
Estos esquemas son muy cercanos a nosotros, pues en la Cuba de Fidel Castro, en la Nicaragua de Ortega y en la Venezuela de Chávez y Maduro se ha consolidado el autoritarismo mediante el paredón, la desaparición forzosa de opositores y las masacres que las milicias bolivarianas llevaron a cabo en las calles de Caracas.
La lógica nos indica que este domingo deben primar las leyes de la democracia electoral, y no el plan golpista que desde las calles tiene planeado el petrismo, para controlar y secuestrar las ciudades.
Fortunosamente el Estado definió un plan nacional, local y territorial para ejecutarlo antes durante y después de las elecciones, que con los allanamientos de esta semana mandaron un mensaje claro de que las hordas petristas fracturarán la unidad nacional, ni mucho menos hará camino la tesis de tomarse el poder, como lo intentaron hacer en Cali el año pasado.
Para redondear, es bueno recordar que Petro llega el domingo guardando silencio cómplice sobre el accionar de las disidencias de las Farc, el ELN y legitimando, a través de su organización política, a las primeras líneas, que ya tienen un plan preparado para cumplir los actos de asonada e insurrección.