El túnel del olvido
Una sociedad como la nuestra, que no puede controlar un túnel de menos de un kilómetro, está condenada al fracaso. Nuestro tunelito, que fue proyectado desde la administración de Ricardo Cobo y discutiblemente diseñado y construido en la de Jorge Iván Ospina, se le ha convertido a esta administración en un verdadero infierno.
Es tierra de nadie, opera como un pasaje cualquiera donde los carros, motos, busetas y todo lo que se mueva se movilizan en condición de trashumancia.
No existen controles, pues los que se establecieron han brillado por su precariedad. Ha sido tomado y retomado por motos y motociclistas. Cerrado para celebrar el día de las brujas, los triunfos futboleros. En estos 900 metros las motos se estrellan unas contra otras. Y el sicariato ha operado a sus anchas.
Es una vergüenza, que este mal llamado Túnel Mundialista, a diferencia de algunos de 8 y 10 kilómetros que operan en este continente y de los otros de casi 50 kilómetros como los hay en Europa, no cuente, o no haya contado nunca, por parte de las administraciones de Ospina, Guerrero y la actual, con una plataforma de seguridad y de control, con tecnología de punta y con un terminal que desde la secretaría de movilidad haya permitido en tiempo real seguir los flujos de movilidad.
No hay, no ha existido nunca una memoria visual sobre el túnel, al punto que además de los bloqueos masivos este ha sido colapsado recientemente por una tractomula y ahora porque se robaron los cables dejándolo en oscuras como siempre lo ha estado.