El túnel
No me voy a referir al nunca construido Túnel de La Línea. Tampoco a la metáfora de Sábato con la sicosis de infidelidad.
Sin embargo, reconozco que un túnel simboliza para quien lo recorre un avanzar oscuro, solitario y casi que secreto abrigando siempre una esperanza que puede ser la de emerger en otra dimensión, para los agujeros de gusano; riquezas para los amigos de lo ajeno que emergen en bóvedas repletas de tesoros o amor para quien osa aparecer en un harem prohibido.
Pero la esperanza de encontrar salida al final de un túnel tiene un significado elevado. Puede ser la libertad en el caso de presos como el Conde de Montecristo, El Chapo Guzmán o quienes atravesaron el Muro de Berlín en el famoso túnel 57. O simplemente; la paz, para quienes siguieron la luz al final del túnel y optaron por no regresar.
Así lo concibió un sufrido plomero de Irlanda quien reprimido por su ronqueadora mujer, decidió una noche construir un túnel desde su habitación hasta un bar lejano.
La tarea le tomó quince años de constancia, sigilo y esfuerzo. Pero al final, el laborioso topo alcanzó la luz. Y desde entonces, todas las noches, cuando su compañera dormía y empe-zaba su sinfonía de ronquidos, el Mario Bross irlandés aparecía por arte de magia en medio del bar, se zampaba unas cervezas y disfrutaba del acogedor ambiente que no había en casa. Un ejemplo de perseverancia, tanto por construir el túnel como por no terminar su relación. Pero como lo bueno no dura, al infeliz lo descubrieron y se acabó la dicha. ¡Pero queda la moraleja!