El valor

Rodrigo Fernández Chois

Concepto complejo este del valor… Los economistas debemos recorrer terrenos dorados por la historia y la filosofía para introducirnos en su comprensión.

Después estudiar los clásicos -de la economía- para encontrar el común denominador alrededor del trabajo y la fertilidad de la tierra para más tarde brincar a planos sicológicos y hedonistas especulando grados de placer y estados de satisfacción. Finalmente pretendemos concebir la magnitud del rebuscado concepto mediante el sinfín de herramientas que nos provee la estadística matemática más avanzada y moderna.

Sólo así podemos llegar a conclusiones como la de que un vaso de agua tiene mayor valor que uno repleto de diamantes para aquel que se está muriendo sed… O concluir que “lo que le da valor a una taza de barro es el espacio vacío que hay entre sus paredes”.

Es entonces cuando los economistas adquirimos esa particular manía de querer encontrar o descifrar el valor de todo, o de casi todo.

Incluso -cual adeptos a la ciencia ficción- hacemos prácticas de valoración inter temporales para generaciones futuras con el fin de cuantificar el posible valor de la contaminación y demás desastres que hoy causa la actual población mundial en su medio ambiente. Hace poco más de veinte años era impensable pensar que llegase a venderse agua embotellada… Inimaginable para casi todos ¡Excepto para los economistas! Por eso es que entendemos como ninguno la famosa frase de Oscar Wilde en la que cataloga de cínicos a todos aquellos que se jactan de conocer el precio de todo pero que jamás podrán llegar a comprender -ni por asomo- el valor de nada.

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martes 17 de julio, 2018

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