#EnDefensaDe Excarcelación

Iván Cancino

En un país como Colombia donde muchas veces la envidia y la falta de trabajo en equipo sale a flote, no extraña que un sector de la población se alegre porque cosas malas les suceden a otros, que un gran número de personas celebren el mal y no el bien, resten y no sumen.

Así sucedió con el decreto expedido por el gobierno para la excarcelación, en vez de preguntar porqué no se protegió a más personas, celebraban porque “x” o “y” no saldrán de la cárcel o irán a detención domiciliaria, cuando la casa también puede ser un lugar de detención. Hoy, muchos colombianos ya han sentido el rigor de estar por obligación en recintos pequeños y eso que solo han sido pocas semanas.

Lo que realmente resulta gracioso es que personas que tienen investigaciones penales vigentes hagan alarde de que el decreto no cobijó a un sector de la población carcelaria y que esa es su mayor satisfacción cuando ellos mismos pueden resultar detenidos o sus hermanos, por poner algún ejemplo.

Disfrutar de la desgracia de otros nos hace ver de qué están hechos, seres bajos y sin ningún aprecio por la vida, que no tienen en cuenta la salud y la dignidad del ser humano.

Al gobierno se le abona que el decreto sea una realidad, por lo menos hay una herramienta para alrededor de 4000 personas, pero es un paso pequeño, mínimo, un paso que no suma.

La historia marca hitos y muchas veces estos se construyen sin afán, despacio, otros requieren de mucha energía y de decisiones apolíticas pensadas en el otro sin mayores restricciones que las que brinda la lógica. Hoy se requieren pasos de gigante, aplicar la ley de la humanidad, de la dignidad, de ponerse en los zapatos del otro.

La ministra de Justicia está en una dicotomía: seguir caminado en punta, dando alivios a muy pocos o pasar a la historia arropando a personas privadas de la libertad que ruegan por condiciones decentes para pagar su pena o al menos poder resguardarse de una pandemia que los matará si siguen detenidos en nuestras cárceles inhumanas y hacinadas.

La historia premia a los valientes que piensan más allá del momento y castiga a aquellos que por temor o prudencia no se atreven a proteger a los más débiles.

La historia, sin embargo, la pueden escribir los jueces y los abogados. A este decreto le quedó pequeña la constitución y por eso hay que acudir a todas las vías de la norma de normas, incluso pedir libertades o sustituciones, para pasar de una detención en cárcel a la del domicilio amparados en la excepción de inconstitucionalidad.

De esta crisis salimos con el gobierno o sin él, pero en todo caso con la constitución por bandera.

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jueves 16 de abril, 2020

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