Envidia

Rodrigo F. Chois

Recuerdo de niño haber visto un comercial de champú en el cual una hermosa mujer salía de un ascensor sacudiendo una espléndida y brillante cabellera mientras una segunda chica se queda observándola…Y entonces una voz hipnótica proclama: “¿Envidia? ¡Es mejor despertarla que sentirla!”

Años después, en la universidad mientras cursaba tercer semestre de economía, aprendí un particular concepto: “El Efecto Demostración”, palabras más, palabras menos; una conducta que se desarrolla al consumir bienes y servicios que se hallan muy por encima de lo que sería prudente de acuerdo con el nivel de ingresos que se posee y con el fin de aparentar un estatus superior. Recordé el “¡Es mejor despertarla que sentirla!” del comercial de mi niñez y concluí que -y a pesar de- para una economía no hay nada mejor que incentivar el consumo. Sin embargo, en ese mismo semestre asistí a uno de esas materias que llamábamos “rellenos” y que ahora comprendo su razón de ser. El curso era de humanidades y para aprobarlo tuve que leer la Divina Comedia en donde la envidia, junto con los otros seis pecados capitales es condenada por Dante con sus adeptos en el purgatorio. Sí, la malsana envidia tampoco es bueno despertarla.

Hoy, en esta era de redes sociales e imágenes por doquier, el congénito efecto demostración y la envidia parecen estar en su apogeo y sus impredecibles consecuencias también.

Una reflexión por el caso del homicidio del reconocido peluquero y su madre a manos de su propio hermano e hijo. La causa: envidia, ese terrible mal que según el ciclista Cochise, mata en Colombia a más gente que el cáncer.

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martes 25 de enero, 2022

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