Éramos muchos y parió la abuela
Todas las mañanas abro los ojos, agarro el celular y después de confirmar la hora me “actualizo” con lo que mis conocidos han publicado en sus redes sociales… Y el sábado pasado no fue la excepción. Me detuve en un video compartido en uno de los grupos de WhatsApp de los que hago parte. El video muestra a un joven encapuchado rodeado de otros tantos que hablándole a la cámara comunica a sus virtuales espectadores que han realizado un bloqueo, obligado a cerrar unas discotecas del norte de la ciudad y hecho salir a las personas que se hallaban en ellas. Justifica la acción con el argumento de que las unidades de cuidados intensivos están llenas y que las aglomeraciones de las discotecas propagan el virus.
Me senté en la cama y volví a ver el video meneando de un lado a otro mi cabeza. “¡No puede ser!” musité para mis adentros.
Como las redes se han convertido en la autopista de la falsedad, el campo de batalla de la intolerancia y el ejemplo magno de la falta de empatía con el pensar ajeno supuse que la irracional noticia debía ser falsa. Sería el colmo que al sector de la economía que primero cerró sus puertas antes de la cuarentena; el más golpeado por la pandemia, los controles de horarios, el paro y el temor generalizado de la población le sumen ahora a la cruz que trae a cuestas el ser motivo de protestas y encierros.
Recordé un refrán que recita mi mamá para reírse cuando las cosas andan mal y se ponen peor… “Éramos muchos y parió la abuela”.