Escrito en la grama
Cuando todos los días pasan en la televisión la cuenta regresiva de los días que faltan para el Mundial de Fútbol 2018 en Moscú, crece la ansiedad general.
Quienes se ponen más inquietos son los niños en los colegios y su atención se dispersa de tal manera que es la época más difícil para el trabajo de los docentes.
Qué van a atender explicaciones sobre clasificaciones textuales y análisis macro estructurales, unos niños contagiados por las emociones ante las finales del fútbol, que ahora no son exclusivas por la pelota criolla, sino también por las copas europeas donde juegan colombianos que saltaron de la pobreza y el anonimato a la riqueza y a la fama.
Ahora cada persona es triplemente hincha, desde niño por el equipo que su familia lleva en las entrañas, el hincha internacional por una solidaridad con compatriotas e hincha nacionalista porque se llega a querer más la camiseta de la selección que la misma bandera de la patria.
Pero esa apatía de los niños, causada por la llegada del mundial, tiene recursivas soluciones: los escritos en la grama, los sueños a la redonda, el fútbol que se lee y el fútbol a sol y sombra.
Sí, precisamente son unas antologías de cuentos y crónicas, que sin yo pretender parodiar a la corriente más sobresaliente de la época del Boom de la Literatura, quiero presentar como la bibliografía del realismo mágico futbolero.
Eduardo Galeano, autor de El fútbol a sol y sombra, confiesa que ha querido hacer con las manos lo que nunca pudo con las piernas. Continuaré con el tema.