Estado de excepción planetario de emergencia climática

Alberto Ramos Garbiras

El problema es la falta de cohesión multilateral para hacer imperativos los tratados internacionales que ni siquiera se incorporan internamente en las leyes para su cumplimento interno. Así como existen estados de excepción en muchos países para enfrentar las crisis internas, debe diseñarse un estado de excepción planetario de emergencia climática.

Cómo hacerlo imperativo con la gobernanza internacional de unas instituciones que los mismos países-parte incumplen para favorecer los negocios en el contexto de la globalización.

Pues salvar la tierra(ante las evidencias irrefutables), va a requerir que la Unión Europea y las potencias (EEUU, China , Rusia), la ONU donde todos están y no se comprometen, y los bloques económicos G-7, BRICS, Alianza Pacífico, y otros se comprometan paralelamente a cumplir ese estado de excepción internacional con las restricciones que conlleve.

Entonces el neoliberalismo globalizado ha doblegado las soberanías de muchos Estados, logrando abrirle paso a la explotación incesante e irracional de los recursos naturales, el extractivismo de los combustibles fósiles y de minerales para circular en el mercado mundial, han afectado la atmósfera y los suelos, generando ingentes ganancias para grupos económicos y transnacionales, sin revertir esa circulación en la economía de los países pobres alterando la huella ecológica de esos países. Y de contera el efecto final ha sido nefasto, como lo expone Silvia Ribeiro, “ha sido un proceso a sabiendas de los causantes del caos climático. Setenta y uno por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) son responsabilidad de 100 empresas transnacionales, principalmente de la industria de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón)”.

Las grandes multinacionales no quieren ceder ni ante las evidencias de la destrucción del planeta, entonces para seguir produciendo con energías fósiles argumentan de manera mañosa y socarrona que se estimularan las prácticas para capturar carbono con más incentivos en la conservación de bosques y compensaciones, pero la experiencia de los últimos 20 años demuestra que todo el discurso reposa en señalar a los países del sur que son alentados a conservar los bosques naturales y tropicales, y ni siquiera han podido afinar el mecanismo de pagos por almacenamiento de carbono, ni moderar la industria automotriz, ni la avidez de las aerolíneas.

Ni poner en cintura a los presidentes díscolos que han festinado las selvas a los ganaderos, los constructores y los negociantes de maderas. Las propuestas fantasiosas que hacen de conservación y repoblamiento de bosques implican sembrar áreas igual a 5 veces todo el territorio de la India, lo cual es una especulación porque sería como prometer frenar la producción agraria. Si se deben respetar los bosques, pero hay que empezar por fijar la autoridad, no dejarlos talar. Y ese ya es un avance. O sea, una política conservacionista.

La sociedad civil en varios países está disgustada con la clase política y los dirigentes estatales, por los incumplimientos para adoptar decisiones contundentes contra el calentamiento global. Prácticamente 6 años sin resultados visibles desde la COP 21 y aumentan los desastres.

Donald Trump se burló durante todo su mandato(2017/2020), hizo desplantes a los gobernantes europeos, desconoció a Gretha Trumberg y la huelga escolar climática que movilizó a miles de jóvenes en varios países.

Los movimientos ecologistas van a intensificar la acción en las calles, el 15 de agosto en Alemania, el movimiento ecologista Extinction Rebelión, se plantó en la puerta de Brandenburgo, indignados por las inundaciones de julio, reclamaron medidas efectivas para dejar de quemar más carbón para obtener energía.

Desde los países/islas la población teme por la elevación del nivel del mar y una eventual extinción del territorio. En España se levantó un fuerte debate esta semana por la afectación de las especies ictiológicas en el Mar Menor, en virtud al uso intenso de abonos y químicos en la agricultura utilizada en Cartagena y sus alrededores, escurriendo contaminantes que acabaron con el oxígeno. Una agricultura poluente consentida por la clase política, desconociendo las recomendaciones de los académicos. Los desplazados climáticos se convierten en refugiados por catástrofes y los éxodos aumentan creando dificultades para la debida atención humanitaria.

Esta pandemia, una peste global, que afecta a la humanidad desde los inicios del año 2020 tiene una relación con la forma de desprotección respecto a los ecosistemas y la alteración de los recursos naturales. Las zoonosis( enfermedades infecciosas que se transmiten de los animales a los humanos) han existido “desde que la humanidad comenzó a movilizarse”, pero lo alarmante del virus actual, según el antropólogo Philippe Descola, es la velocidad con la que se ha propagado. El modelo de desarrollo occidental es uno de los culpables. Philippe Descola, considera que, la propagación del virus ha sido impulsada en parte por la destrucción de los ecosistemas. Están aprovechando al máximo el bosque y sus recursos. Sólo que no han hecho el tipo de sobreexplotación destructiva para el medio ambiente que los grandes productores agroindustriales.

Por lo tanto, hablar de relaciones saludables con la naturaleza ya es ponerse en una posición de protección. Todas las principales epidemias infecciosas de las últimas décadas son zoonosis locales, que provienen de especies silvestres y que se han transmitido a través de otras especies silvestres o de animales domésticos a los humanos. Y luego viene la propagación entre los humanos. El detonante ha sido las poblaciones de animales salvajes que, debido a la deforestación y la destrucción de los ambientes naturales salvajes, entran en contacto continuo con las poblaciones humanas y, por lo tanto, facilitan estas contaminaciones.

Se puede decir que el modelo de desarrollo capitalista es una especie de virus para nuestro planeta. Él Centro de Biodiversidad y Medio Ambiente de una Universidad de Londres realizó un estudio sobre los efectos del cambio climático en la biodiversidad.

El cambio climático está impactando severamente las especies animales, vegetales, los ecosistemas e incluso la salud del ser humano. “Estamos modificando los territorios (…) lo que aumenta la frecuencia y la intensidad de los contactos entre los humanos y la fauna salvaje, lo cual crea las condiciones ideales para las transferencias virales”, apunta Christine Johnson, de la escuela veterinaria de la Universidad de California.

Como lo expuso Kim Stanley Robinson, en su reciente columna titulada, “Un plan climático para un mundo en llamas”, publicado por la revista española SP. “La humanidad está al borde no solo del cambio, sino del desastre. Y debido a que podemos verlo venir, tan claro como una tormenta negra en el horizonte, nuestros intentos de esquivar el desastre y crear una relación sostenible con nuestro único hogar implicará enormes cambios en nuestros hábitos, leyes, instituciones y tecnologías(…) La década de 2020 no estará llena de sorpresas, excepto tal vez la velocidad e intensidad de los cambios que se avecinan.

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domingo 29 de agosto, 2021

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