Estupidez

Rodrigo Fernández Chois

Si hay que pedirle algo al Creador es que nos libre de los estúpidos más que de los malvados. La razón es simple: los malvados son predecibles mientras que los primeros no. El malvado por lo general se ama a sí mismo y procura su bienestar a toda costa y por encima de cualquier lineamiento ético y moral. Incluso, si padecen algún tipo de trastorno sádico, disfrutan el sufrimiento que sus malas acciones producen en el prójimo. Pero pese a todo lo criticable, su actuar obedece a una lógica de perversidad predecible.

Por otro lado, el imbécil o estúpido, obra siempre dueño de un razonamiento indescifrable e imposible de imaginar. Sus acciones pueden no sólo hacer daño a los seres que les rodean sino, incluso, a ellos mismos. Creo que la aleatoriedad y la imposibilidad de predecir nuestra histórica se debe en gran parte al diario quehacer de estos peligrosos sujetos. Sus acciones serían para reír sino fuera porque pueden poner en peligro a toda la humanidad.

Esta reflexión la hago pensando en el funcionario recaudador del pago de derechos de autor que impidió un concierto de Mozart en Bogotá. El individuo les exigió a los organizadores presentar el certificado de defunción del compositor austriaco para comprobar no sólo que estuviese muerto sino de que hubiesen trascurrido más de ochenta años desde su deceso.

Sí, los estúpidos pueden hacernos reír. Sin embargo –y lo sabrán los organizadores de ese concierto- su proceder es nocivo. Para no ir más lejos, estoy completamente seguro de que el planeta entero se encuentra en estos momentos padeciendo una pandemia por causa de un estúpido.

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martes 16 de junio, 2020

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