Evaluar en pandemia

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los docentes empiezan a preocuparse por las calificaciones que registrarán al finalizar el periodo académico. Los SIEE, sistemas institucionales de evaluación educativa, que figuran en los manuales de convivencia fueron aprobados para circunstancias normales, determinando unos criterios permanentes, formativos, motivadores y orientadores, que aplicarían con técnicas acordes a la calidad de los procesos.

Pero, interrumpida abruptamente la normalidad académica ¿seguirán vigentes los mismos criterios? La evaluación en tiempos de confinamiento dejó de ser presencial, permanente, interactuada y observable. El estudiante ahora actúa en un espacio inadecuado al ser relevado el ámbito escolar.

No correspondería a la verdad que un docente revise unos talleres e imponga un número, como si nada pasara en el entorno y desestime el estado emocional de los estudiantes. La educación no puede ser escéptica a esta pandemia donde los niños tienen que afrontarla como a una guerra desigual con un enemigo letal invisible. Atiborrarlos de tareas es hacer más duro su confinamiento, impedirles que miren la realidad, debilitarlos y negarles el derecho a probar valores en familia: la tolerancia, la resiliencia, el altruismo, la solidaridad, la generosidad y el afecto.

La educación falla cuando sólo pretende llenarlos de conocimientos descontextualizados de la realidad. He visto a muchos padres estresados por la carga de deberes escolares que sus hijos reciben de plataformas semejantes a máquinas embutidoras y que rompen la armonía familiar.

No entiendo los profesores cómo califican a trescientos estudiantes sobrecargados, si mi nieto pasa días enteros haciendo tareas y filmando videos obligatorios. Otros países suspendieron las evaluaciones hasta que regrese la normalidad y finalmente prolongarán los periodos.

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viernes 15 de mayo, 2020

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