Fase final
Al iniciarse el ciclo 40 de las conversaciones del proceso de paz, el tema de cómo disminuir los ataques y las hostilidades sigue siendo central, es la única forma de volver a tener confianza.
El desescalamiento puede practicarse con muchas modalidades, no implica entregar las armas y menos rendirse, es un camino apropiado al cese bilateral.
Y es un cese al fuego gradual. El Cerac, como centro del pensamiento sobre el conflicto con observatorio permanente, ha manifestado que en el mes corrido entre el 20 de julio y el 20 de agosto sí fue afectivo el desescalamiento pese a los cuatro eventos ocurridos en Mesetas, en Yarumal, en la costa del Caribe y en San Juan de Arama.
El escepticismo continúa figurado en las encuestas y la gente cree menos en una conversaciones de casi tres años, pero no hay otra opción que disminuir los enfrentamientos y permitir que las elecciones programadas para octubre se desenvuelvan sin esos saboteos. Del cese unilateral mensual, las Farc dejaron entrever a través de su vocero Lozada que podrá ser indefinido, mejor dicho, hasta noviembre, fecha límite para las decisiones de fondo.
Aunque la figura del desescalamiento no aparece en la normativa internacional con una definición expresa, se pueden acoplar a varias normas del Derecho Internacional Humanitario, y se puede asemejar a una forma de regulación convenida de la guerra interna por la voluntad de los contendientes al encontrarse empeñados en avanzar sobre un proceso de paz.
Un desescalamiento en la “fase final” proporciona un respiro y da fé a la ciudadanía de que si trata de una fase final, y nuestra irrebatible de voluntad ante la falta de acuerdo para el cese bilateral expreso.