Fedegán, un paso histórico

Víctor Manuel García

Sin duda alguna el anuncio de la ministra de Agricultura, Cecilia López, y de José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán sobre la construcción de un acuerdo mediante el cual se establecen los lineamientos para la compra de tierras por parte del Estado colombiano, es un anuncio histórico para el país, pero especialmente para esa Colombia rural e históricamente olvidada.

El anuncio trajo como eje central la apertura de la posibilidad de venta de tres millones de las 37 millones de hectáreas dedicadas a la ganadería en el país, con el objetivo de iniciar el proceso de implementación de una reforma agraria, la cual hace parte de los acuerdos firmados con la extinta guerrilla de las FARC en La Habana.

Este anuncio me atrevo a calificarlo como histórico por varias razones:

La primera de ellas es que, a partir de la firma de este acuerdo, el Estado colombiano tendrá la posibilidad de acceder mediante compra, alejando el fantasma de la expropiación, a una importante cantidad de hectáreas con potencial comprobado de producción, ya que estas no pueden estar, según lo acordado, con limitaciones de propiedad, en zonas que no cuenten con vías de acceso y lo más importante, deberán contar con títulos de propiedad completamente legalizados y formalizados.

En segundo lugar, a partir de este momento se logra concertar e identificar un punto de acuerdo con uno de los gremios más reticentes a la implementación de los acuerdos de paz, resistencia derivada precisamente por el recelo que generó en los ganaderos y muchos poseedores de tierra, la implementación del primer punto del acuerdo, el cual está centrado en una reforma agraria integral.

De allí surge la tercera razón, pues por más de setenta años, en Colombia se ha intentado adelantar en diferentes ocasiones y gobiernos reformas agrarias, con el objetivo de democratizar el acceso a la tierra y desconcentrar la tenencia de los terrenos productivos del país, intentos que en todos los casos fracasaron y que por ende han servido como combustible al conflicto interno del país, que no podemos olvidar ha tenido un origen rural y campesino desde mucho antes del propio surgimiento de las guerrillas de las FARC, ELN, EPL, etc.

Por último, pero no menos importante, este acuerdo da un mensaje muy positivo para el país, pues demuestra que aún en la diferencia a través del diálogo se pueden identificar puntos de encuentro que puedan redundar en un beneficio colectivo.

Basta con revisar las declaraciones de José Félix Lafaurie, en su entrevista con Yamit Amat y al momento de realizar el anuncio a los medios de comunicación, elogiando no solo a la ministra López, sino al propio presidente Petro por su capacidad de diálogo, algo completamente impensable hace algunos meses teniendo en cuenta que ambos se encuentran en orillas políticas diametralmente opuestas, pues no podemos olvidar que Lafaurie es esposo de María Fernanda Cabal y ha sido muy activo pronunciándose políticamente por diversos medios de comunicación y redes sociales.

Por el bien del país y por la retoma de la senda justa de la pacificación del territorio, suspendida arbitrariamente durante los cuatro años del gobierno Duque, los colombianos esperamos que este impulso no se pierda con el tiempo y que no esté sujeto a vaivenes políticos, sino que se convierta en política de Estado.

De igual forma, desde este espacio exhorto al gobierno de Gustavo Petro a que tome nota de las experiencias del pasado, especialmente a lo relacionado con el INCORA, para que sus defectos y cuestionamientos jamás se vuelvan a presentar en el país.

Por último, resaltar este esfuerzo de Fedegán de aportar no solo con tierras sino con su capacidad institucional en la identificación de predios y en la capacitación técnica de campesinos que serán beneficiados, no sin antes reiterar que la paz y la articulación dialogada es el camino, e invitar al Dr. Lafaurie a nunca más realizar anuncios que se puedan tergiversar o entender como un llamamiento a la creación de seguridades privadas paralelas, pues siempre la institucionalidad y la legitimidad del ejercicio estatal es el camino, y seguramente, una Colombia en paz sería un paraíso.

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lunes 10 de octubre, 2022

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