Fin de la guerra

Fabio Cardozo

Nada más alentador que el cese al fuego y hostilidades bilateral y definitivo pactado entre el Gobierno y las Farc. Lo que sigue es la reconstrucción de Colombia luego de medio siglo de guerra que despobló el campo, marcó inequidades lacerantes -las mayores de América-; arrojó a la calle ocho millones de víctimas, generó más de doscientos mil muertos, propició el despojo de más de seis millones de hectáreas, nos condenó a construir presupuestos de guerra -treinta billones anuales en gastos de defensa y seguridad-, y, lo más grave, nos hizo creer que lo más importante en nuestra vida era ganar una guerra que desde que se inició estaba perdida, como las emprendidas por el coronel Aureliano Buendía.

Ha sido tal la alienación nacional que la guerra puso jefes de Estado y definió nuestra agenda política e hizo que hablar duro fuera más importante que hacerlo razonadamente.

Esta guerra nos ha militarizado hasta el tuétano, afectando nuestro lenguaje, motivando gestos, comportamientos violentos que hoy cobran vulgar celebridad en las redes sociales, influenciando modas, perfiles, cabezas rapadas, camuflados, rudezas, machismos; nuestros “jóvenes bien” sueñan con tener un carro y un “fierro” para “defenderse”, los otros jóvenes “fierro” y moto. En esta Colombia que debemos cambiar es mejor tener billete que saberes, mujeres que amores o “parceros” en vez de amigos, fue mejor estar en guerra que vivir en paz.

Este histórico acuerdo logrado en La Habana nos devuelve la fe, las palabras, la razón y el país extraviado en el camino “minado” de la guerra.

Este sábado en Pradera Valle a las 3:00 pm, marcharemos por la paz.

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    jueves 23 de junio, 2016

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