Firme el domingo

Rodrigo F. Chois

Desde los dieciocho he votado con fe, con esperanza y con ingenuidad, creyendo que quienes llegan al poder saben manejar correctamente el Estado, entienden los problemas del país y sus soluciones.

Pero ese sentir se me ha ido convirtiendo en una superstición. Porque la realidad persiste: inseguridad, corrupción e improvisación.

Los mismos males, los mismos discursos, los mismos resultados. Como si estuviéramos condenados a un déjà vu eterno.

Y frustra. Frustra porque toda mi vida he trabajado en el sector privado, donde al que no hace bien las cosas lo sacan; pero en el sector público ocurre lo contrario.

Alguien dijo alguna vez que es una locura hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos.

Si eso es cierto, Colombia no tiene un problema político: tiene un trastorno de conducta.

Este desencanto acumulado me llevará esta vez a votar por un outsider. “¡No tiene experiencia en el manejo de lo público!”, me reclamó un amigo.

¿Y es que los que hemos elegido porque la han tenido lo han hecho bien?

Sé que no soy el único con este hastío. Hay una corriente silenciosa, ¡Pero firme! Y cuando eso ocurre, el sistema tiembla. No solo un sector político, sino todos los que han vivido medrando de la teta estatal.

Porque un voto de castigo no distingue ideologías: pasa factura.

Y aquí aparece algo clave: confianza. Entender que cuando un país está tan tensionado, la transparencia no es un lujo, sino un salvavidas.

Blindemos el voto, cuidemos las actas, vigilemos el proceso. Porque cuando la gente empieza a cambiar la forma de votar, el problema no es quién gana sino que los de siempre pueden perder.

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martes 26 de mayo, 2026

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