Fotomultas
Se debate en el Congreso un proyecto que busca tumbar las fotomultas. Según sus impulsores, el mecanismo no ha bajado el índice de accidentalidad y es un negocio de particulares. No tengo estadísticas para rebatir la teoría.
Sin embargo, como conductor, si tengo la experiencia de que en las vías las fotomultas han cambiado los comportamientos de los conductores o, al menos, los ha mejorado.
El temor a la sanción mueve a los individuos en cualquier parte del planeta. En los lugares donde hay cámaras los semáforos se respetan, la velocidad se cuida y ahora es más probable que el Soat y la tecnicomecánica se mantengan al día. Las ciudades no tienen recursos para tener el cuerpo de agentes suficiente y en todo el planeta la tecnología es un complemento útil, eficiente y necesario. Otra discusión es si las fotomultas son un negocio de particulares.
Ese es un problema de nuestro Estado, no solo en esta materia. La contratación pública usualmente favorece los intereses de unos pocos, pero la solución a dicho problema es otro. Las fotomultas no sólo deben seguir, hay que aumentar su alcance y lograr mayor cobertura.
En el caso de Cali resulta absurdo pedirle a las autoridades que las apaguen en la noche, periodo en el que hay que aumentar la vigilancia en todos los frentes. La única excepción aplicable es el permiso de pasar semáforos en rojo con precaución, pues compromete la seguridad de los conductores. “La letra con sangre entra” es una vieja consigna que todavía tiene vigencia.
El pasado sábado los desmanes de los motociclistas en el hundimiento colapsaron el oeste de la ciudad. Ojalá a todos les llegara una fotomulta.