Fútbol
Hasta los más apáticos con el fútbol estamos exultantes con la imparable campaña adelantada por nuestra Selección en el presente Mundial de Brasil.
Llega este certamen cuando necesitábamos una buena dosis de “tranquilizantes”, luego de una campaña política inoculada por el odio y la degradación.
El deporte ha sido históricamente el lenguaje de la unidad, de las treguas, de la paz. Recordemos el ejemplo de Sudáfrica con el rugby, un rudo deporte inventado en Inglaterra y emblema de la minoría blanca, que de la mano sabia de Mandela se convirtió en factor de unidad.
Pues bien, hasta con los del Centro Democrático me he sorprendido abrazado, gracias a la magia futbolística de los muchachos dirigidos por Pékerman. Mentira, allá tengo buenos amigos.
El asunto es el siguiente: este fervor futbolístico deberíamos aprovecharlo promoviendo esta práctica en colegios y barrios; los veteranos, como yo, deben recordar los intercolegiados e interbarriales, que no eran más que citas deportivas juveniles, distintas a las de hoy, que se pactan para hacerse daño. Hay que canalizar este ánimo, y más en Cali que tiene vocación deportiva.
La invitación a los líderes deportivos no se restringe solo al fútbol que hoy nos inspira, el asunto es promover la práctica del deporte.
Después de los últimos Juegos Mundiales, Cali se dotó de importantes escenarios hoy subutilizados.
En nuestra ciudad verbigracia existen cientos de piscinas que solo sirven para tomar baños de sol y el chapuceo de los menores.
Ahora que el Alcalde Guerrero tomó la saludable decisión de abolir la cabalgata como un espectáculo de la feria, valdría la pena pensar en darle también una connotación deportiva a una semana de festividades signada por el alcohol, la congestión vehicular y la inseguridad. Zanahorio… ¿será la edad?