Gardeazábal en tiempos de Cóndores

Miguel Yusty

Por estos días el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal se dedica a disfrutar y a celebrar los 50 años de Cóndores no entierran todos los días, escrita en un cubículo de la Universidad de Nariño. Yo, que he escrito en varias oportunidades pequeñas notas sobre la importancia de su obra literaria, resaltando entre otras cosas, como lo hice el sábado pasado, en desarrollo de una tertulia virtual bogotana surgida del Café pomeriggio a la que me invitó el escritor, Gustavo es, sin lugar a dudas un sobreviviente exitoso del llamado boom de la literatura latinoamericana de la década del 60 y los 70.

Su éxito, que ha permanecido en el tiempo y de manera especial Cóndores no entierran todos los días, se debe además del encantamiento de su oficio como escritor, al conocimiento de la realidad que vivió desde niño hasta la fecha.

Gustavo no cayó en la trampa, como muchos de sus contemporáneos, que quisieron parecerse a Gabo, otros le apostaron a tener una escritura mas culta que la de Borges y los otros con el cuento de la novela urbana pretendieron hacer muchas Rayuelas, para jugarlas con Cortázar y con Talita, fuera en Buenos Aires o París.

Gardeazábal fundó su propio estilo, al cual no ha renunciado hasta la fecha, y León María Lozano, el personaje de Cóndores, ha trascendido a todos los patrones del mal que hasta ahora persisten en convertirse en personajes de literatura.

Lozano el “Cóndor”, no se asimila a los capos de Mario Puzzo, mucho menos a los frágiles personajes criminales de nuestros novelistas criollos , menos al de la Novela Negra. El “Cóndor” de Tuluá, parece extraído de las profundas historias de la mafia siciliana, pues sus costumbres lo emparentan con esos viejos campesinos del sur de Italia que, vestidos de negro, montaron las formas y las maneras de los gánster posteriores.

En este año de Cóndores, igualmente, además del bello libro conmemorativo publicado por el escritor, se estrenará con el respaldo de Telepacífico y la Gobernación del Valle un gran documental sobre la importancia de la novela después 50 años, en cuya financiación, se negó a participar el alcalde Ospina, cuando nunca se esperó un veto de esa naturaleza, pues se trataba de homenajear y reconocer a su gran amigo.

Finalmente, la vida me ha permitido, además de la amistad, ser cercano a su obra, al punto que su biógrafo Jonathan Tittler en su libro El verbo y el mando, me cita para corroborar la tesis de como Gustavo convirtió la violencia y la política en literatura, así como igualmente elevó a Tuluá a la categoría universal de los pueblos amados por Joyce y de Faulkner.

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miércoles 25 de agosto, 2021

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