Gardel en Medellín
En Medellín, el 24 de junio de 1935, murió Carlos Gardel, pero siguió vivo en la iconografía colombiana.
Figuró entre las cuatro imágenes enmarcadas que, en los años 50, no faltaban en las casas: el Sagrado Corazón, Carlos Gardel, Jorge Eliecer Gaitán y la fotografía de la pareja.
La Constitución de 1886 había consagrado el país a la fe católica; Gardel fue el cantor ovacionado por multitudes; Gaitán fue el máximo líder político de entonces y los esposos eran la autoridad de la familia.
Gardel, tras morir cerca al aeropuerto Olaya Herrera, se convirtió en mito popular.
Siguió vigente en Medellín, Manizales, Armenia, los municipios norte vallecaucanos, en los barrios bajos, mejor dicho, se arraigó en la cultura popular.
Antes de Mercedes Sosa, Facundo Cabral, Piero y los demás canta-autores de protesta, los tangos fueron las primeras canciones sociales.
Medellín y Buenos Aires tuvieron con Gardel al historiador inesperado que narraba las condiciones sociales infrahumanas.
Un ámbito poco explorado por los profesores, es esa estrecha relación entre la lírica lunfarda rioplatense y la literatura latinoamericana.
Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges publicaron ensayos sobre sus orígenes sociales, los fundamentos literarios y el vanguardismo del tango.
Manuel Mejía Vallejo y Fernando Cruz Kronfly, respectivamente, escribieron “Aire de tango” y “La caravana de Gardel”, narraciones inspiradas en la vida y obra del “Zorzal criollo”.
En su homenaje, hoy le escucharé: “El día que me quieras”, “Mano a mano”, “Volver”, “Milonga sentimental” y “Cuesta abajo”: “Si arrastré por este mundo/ la vergüenza de haber sido/ y el dolor de ya no ser….” . ¡Ese Gardel! Cada día canta mejor.