Gloria Medina In Memoriam
Estaba abordando el taxi en Manizales en una tarde lluviosa, luego de salir de una audiencia en un juzgado, cuando escuché que me llamaba por mi nombre y apellido. Volteé y era ella con sus ojos claros, su elegancia y donosura insuperable, saludándome. Celebramos volver a vernos, luego que en los vericuetos de la vida nos extraviamos.
La conocí en el bienestar universitario de la universidad Libre. Le agradezco que me aproximó a Lorca en las clases de poesía. Su voz inigualable, suave, con una pronunciación exacta, casi que cantaba los versos del “poeta en Nueva York”.
Alguna vez, creo que, en un diciembre, en una pequeña tenida en la universidad terminando actividades, le pedí que cantara Uno, ese tango que nos lleva al desamor. Lo entonó maravillosamente. La recuerdo tanto, que me parece verla.
Por eso, esta semana que me dieron la noticia de su muerte quedé estático. Busqué sus libros, leí alguna dedicatoria que me puso. No olvido la noche del lanzamiento de su primer poemario “Claves para abrir las puertas del interior misterio”, y volví a escucharla, a sentirla. Leerla fue una manera de decirle adiós a su belleza, a la palabra, a agradecerle por haberme hecho vibrar con la poesía.