Hernando Guerrero
Cali tuvo una década dorada de cineastas, escritores y pintores, pioneros del arte y la literatura, registrada en la obra de Caicedo y el documental “Oiga, Mire, Vea” de Mayolo y Ospina. Ese acervo nació en “Ciudad Solar”, el centro cultural que conocí aún adolescente y a la que le debo mis apetencias y vocaciones. De la pléyade intelectual que habitaba la casona en la calle 6 con 5 de La Merced, además de Andrés Caicedo, Carlos Mayolo, Luis Ospina, Miguel González y “Pakico” Ordoñez, figuraba Hernando Guerrero, con la particularidad que era el propietario del inmueble por pertenecer a la estirpe de los Guerrero.
Con Hernando y su apellido noble, podemos hacer una analogía con Felipe y los Lleras Camargo y Álvaro Pio y los Valencia. Gracias a la generosidad de Hernando Guerrero, en la casona funcionó Ciudad Solar, semillero de artistas e intelectuales.
Años después encontré a Hernando Guerrero en el Semanario Cultural del Diario El Pueblo. Le perdí la pista, pero reapareció en la comitiva que acompañó a García Márquez a Estocolmo. Ahora lo vemos visitando librerías, en conferencias, en los festivales de cine y, diariamente, en las tardes caminando la ciudad con su perro como lazarillo y su mochila llena de recuerdos. Quien no lo conozca lo confundirá con cualquier orate. Pero quien sí, tertuliará con él toda una tarde sobre Caliwood, literatura y sus anécdotas con Gabo en Estocolmo y Barcelona. La Alcaldía está en mora de restaurar Ciudad Solar, seleccionar su antología periodística y tributarle un reconocimiento a Hernando Guerrero, por ser pionero de su cultura en los setenta.